De profesión “costurera”

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Es una labor que muchas mujeres han ejercido décadas atrás y que ha permitido sobrevivir a muchas familias. Hablamos de la costura. Raro es el hogar donde la abuela o la madre no se ha dedicado a coser para la calle o incluso ha trabajado como modista para llevar el pan a casa. Hoy en día, encontrar una costurera cuesta más, pues las fábricas han incorporado tecnologías que casi hacen la labor sustituyendo la mano de obra humana. Ya no es como antes donde ser de profesión “costurera” era algo cotidiano. Sin embargo, todavía quedamos románticas del gremio que disfrutamos de pasar las horas entre agujas y costuras y seguimos aprendiendo cada día.

Ciertamente me siento como pez en el agua entre hilos y telas. ¿Cómo no sentirme en mi salsa si llevo cociendo desde que tengo recuerdo? En mi casa, como en todas, mi abuela también cosía, y recuerdo aquellas tardes de infancia viendo a mi abuela matar las horas dándole al pedal de su ya vieja máquina de coser. Y de hecho, casi diría que de mis primeros juegos de niña fue aventurarme a probar esa reliquia, jugando a ser una aprendiz de costurera ante la mirada de mi abuela. Una mirada mezcla de orgullo y a la vez inquietud. Inquietud por si me pinchaba, o peor aún, si me clavaba una aguja… Inquietud por si hacía algún destrozo con aquella maquinaria. Y…bueno…de hecho alguno que otro hice.

Y del juego pasa a la realidad, porque muy joven entré a trabajar en un taller de costura. Primero para aprender todo lo relacionado con la costura y, posteriormente, para dedicarme a ello de manera profesional. La verdad, sé que hay personas que tan solo cogen una aguja si es por obligación, y que muchas jóvenes ni siquiera lo hacen. Sin embargo, a mí me encanta mi trabajo. Tengo la fortuna de haber trabajado en lo que más me gusta, porque en contra de lo que la gente piensa, coser no es una tarea rutinaria, sino que exige creatividad, exige habilidades y hasta unas dosis de fantasía. Tal vez cualquiera puede coger una aguja, pero no cualquiera puede ser costurera. Y me siento agradecida por ello.

Ser costurera es ser una artista de las telas, e incluso me parece emocionante pensar que vestimos coquetas, cómodas y a la moda, gracias a la labor, no solo de los diseñadores, sino también de las personas que nos dedicamos a la costura, de aquellos que damos forma al arte del diseñador plasmando nuestro propio arte sobre tejidos variados y con formas variopintas.Y es que en sí mismo, dedicarse a este mundillo no es poca cosa, pues no todo vale. Hay que lograr que una prenda sea funcional, sea cómoda, sea atractiva y, a la vez, que consigan responder a los cánones predominantes de la moda del momento.

¿Quieres saber más sobre mí? Pues lo tienes muy fácil, porque solamente tienes que ver mis diseños, los cuales dan como resultado prendas que han nacido de mi propia experiencia y que, por supuesto, se adaptan a las necesidades de los tiempos actuales. Como ya dije al inicio, con este trabajo nunca dejas de aprender. Y tengo el privilegio de ser de profesión “costurera”.

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